Lorenzo
De los muchos lucenses que residen fuera, parece que han sido pocos los que han venido a pasar estos días entre los suyos. Yo he visto a menos que otras veces y entre ellos a Lorenzo García Diego. Él vive en Barcelona desde hace más de 30 años, pero es un asiduo de la ciudad en la que su padre fue alto cargo del Banco de España. Lorenzo tuvo ocho hermanas y un hermano y su madre, 98 años, todavía vive. Ahora se ha comprado un apartamento en Lugo y vendrá todavía con más frecuencia. Jubilado, con cuatro hijos y un nieto de 15 años, administra un curioso patrimonio: “tengo más de 3.000 pinturas; es lo que he sacado en limpio de mi trabajo como marchante”.
En medio de un conato de nevada y con frío y viento, paseo por el campo con Bonifacio y mi amigo José Manuel Pol, que siempre se expresa en un “galego de camiños e corredoiras”(lo dice él). Me explica que a los copos de nieve, en gallego, se les llama felepas y más adelante me señala:
-¿E ese palomar?
- Querrás decir pombeiro.
- ¿Pombeiro?
- Sí, en gallego el palomar es pombeiro y las palomas pombas.
- Pois en meu galego de camiños e corredoiras se lles chama pombas a las palomas torcaces. As outras son palomas.
Dejo la cosa así. Si alguien quiere dar otra versión, ya saben lo que hay que hacer.
Veo en la TV dos excelentes espectáculos deportivos: el Askasvayu-Juventud, con victoria del equipo de Gerona y alarde de fuerza y eficacia del pequeño de los Gasol, y el Sevilla-At. Madrid. ¿Cuántas veces en un partido Andrés Montes, que ha conseguido un estilo personalísimo, dice “ese balón, ese balón”?. Montés durante su etapa en Antena 3 Radio venía con frecuencia a Lugo a dar para su cadena los partidos del Breogán. Entonces tenía el pelo a lo afro. Ahora su cabeza es una bola de billar.
Más de la pantalla pequeña que dio el sábado “El colegial” una película de Búster Keaton del año… ¡1.927!
Una revista económica informa sobre los negocios de los jugadores de fútbol. Habla de lo bien que le van a Casillas, de lo que ha perdido de ganar Raúl como consecuencia de la crisis y de los problemas de Michel Salgado en Vigo con el barrio del Cura. Yo tenía entendido que en este asunto el madridista había mantenido el tipo bastante bien y que quien había arrojado la toalla era su socio Karpin.