Una Avería de dura mucho
SUPERADAS las nueve de la mañana del miércoles cuelgo el texto de la bitácora correspondiente al 24 de diciembre. Una avería que dura ya muchas horas impide que los lectores accedan a la edición digital de EL PROGRESO y por lo tanto también a este blog. Confiando en que se solucione pronto, les dejo con el texto que corresponde al día de Nochebuena, no sin antes desearles a ustedes que la pasen… ¡MUY FELIZ!
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DIJE que me cortaría la coleta si el mercado del martes, supuestamente el de la Navidad, no era algo importante. Y si tuviese coleta tendría que prescindir de ella; pero como no la tengo, le paso recado a Pablo Iglesias para que el corte lo haga él en mi nombre.
Al grano: tanto en los sótanos de la Plaza de Abastos como en el mercado de Quiroga Ballesteros, no muchos vendedores pero menos compradores. Lo lamento, pero creo que este especial de las fiestas de diciembre está definitivamente perdido. Lo de ayer no fue malo, fue peor. Sin embargo en la Plaza de Abastos propiamente dicha sí había movimiento, en especial en torno a la pescaderías y marisquerías. Mucha oferta y mucha demanda, con variedad y calidad. Vi unas cigalas de película: 180 euros el kilo pero teniendo dinero entiendo que se sucumbiese a ellas, lo mismo que a los camarones, grandes y tan frescos que aún estaban vivos; precio del kilo, 100 euros.
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ANTES de ir al mercado tome una café (es una manera de hablar porque ella se tomó un Martini y yo un poleo) con la profesora y periodista María Celia Forneas, que desde Madrid se vino a pasar la Nochebuena con su familia de Baralla. Le agradezco la pequeña colección de fulares que me regaló.
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“VUELVO” a la Plaza para afilar un cuchillo jamonero. Lo llevo a la ferretería que funciona allí y el dueño me enseña una copia en papel del Blog en el que hablé de ese negocio porque compré allí una esfera calada para meter el unto. Una señora que escucha la conversación dice: “Pues en (omito el nombre de la oficina) donde yo trabajo, lo primero que hacemos al llegar por la mañana es leer esa bitácora”.
Estos pequeños detalles animan a mantener la fórmula.
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A las dos tenía una cita con la periodista Pilar Falcón que venía de Madrid. Al final me aviso que no puede llegar. Su hijo mayor que estudia música en Boston ha tenido un problema de papeleo con la embajada americana y ha retrasado el viaje familiar. Quedamos para otros día.
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CON Marta me fui a tomar unos cortos de cerveza. En la zona de vinos el mismo aspecto desolador que se apreciaba en el Mercado. Tampoco había nadie ni en los locales ni en la calle. Y no se le puede echar la culpa al tiempo, porque la mañana era agradable. Regresamos a casa para esperar al resto de la familia que venía de Madrid; mis nietos venían en la expedición. Me puse a cocinar un plato nuevo para mí (les contaré de que iba la cosa). Llegaron a última hora de la tarde y nos dimos el primer homenaje gastronómico de las fiestas. Además Susana y Marta se pusieron a cocinar para Nochebuena y Navidad. Había que adelantar trabajo para tener hoy día 24 más tiempo libre.
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ME ha tocado la lotería: ¡5 euros! El reintegro del número que compre en mi frutería. Del resto de lo que jugaba, ni un céntimo. Ni reintegros, ni pedreas, ni nada de nada. No me llevé ningún desencanto porque la Lotería de Navidad la juego por tradición. Y eso es lo que salgo ganando, que como no espero nada, si me quedo sin nada, nada.
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PARA tener hoy las manos más libres y tiempo para hacer otras cosas ya hemos dejado casi terminado el menú de esta noche. Mantenemos una tradición gastronómica que ya es casi ancestral: unos entrantes sencillos, verdura con bacalao y pollo asado con patatas. Nada de marisco ni de pescado. De postre los típicos y tópicos de estas fiestas. He comprado higos turcos y uvas de moscatel; muy pocos porque no le gustan a nadie y yo como un par de ellos porque es lo que he hecho siempre. En general no nos gustan ni los turrones ni los mazapanes, pero sí los que trae mi hija Susana de Madrid; los compra en Casa Mira y no tienen nada que ver con las marcas habituales. Riquísimos y muy solicitados en la época. Estos días en Casa Mira hay largas colas. El año pasado Susana coincidió en ella, en la cola, con el entonces Fiscal General del Estado, Torres Dulce, personaje muy nombrado estos días.
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¿Y de beber? Solemos brindar con cava; Freixenet por supuesto; y luego muchos se inclinan por la sidra; El Gaitero, por supuesto. Pero las copas suelen ser a base de gin tonics, cuba libre y no me prepararé probablemente un Gimlet (ginebra, lima, hielo abundante y unos meneos en coctelera. A veces lo rebajo con tónica).
Cantamos villancicos, nos hacemos regalos, bailamos y nos acostamos muy tarde. Recuerdo muchas Nochebuenas viendo amanecer. Como el título de la película de Luis Sandrini… “Mientras el cuerpo aguante…”
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ME envía una muy original felicitación desde Barcelona Moncho Corujo. Como él ya es un poco catalán, pero todavía muy lucense, ha hecho una composición en la que a la izquierda aparece la Muralla de Lugo en la zona de la Puerta de Santiago, con la Catedral al fondo, y en el derecho la Sagrada Familia. Separando los dos monumentos la palabra FELIZ y debajo 2015.
EL BAUL DE LOS RECUERDOS
ES probable que en el verano, en San Froilán o en el “Arde Lucus” ocurra algo parecido, pero yo al menos no soy tan consciente de la situación como ahora. Me refiero a lo de retornar a Lugo gentes que viven fuera y que se acercan aquí para pasar las Navidades con los suyos. Recurriendo a la ya popular frase del anuncio, “volver a casa por Navidad”
Y yo eso lo disfruto, porque me encanta reencontrarme con viejos amigos y aunque sean sólo conocidos, me gusta.
Desde hace muchos años tal día como hoy, la familia tenemos la costumbre de salir de casa a media mañana, dar un paseo por el centro y luego tomar algo por el centro; suelen sumarse amigos y los vinos y las tapas se complementan con saludos a los no habituales, esos que digo que vienen a pasar las fiestas. Llegamos a reunirnos casi una veintena y en más de una ocasión nos hemos puesto a cantar villancicos.
A principios de los 80 (ya lo conté aquí, pero lo recuerdo otra vez) fui el primer Papá Noel que circuló por las calles de Lugo. Estaba recién llegado de un viaje de trabajo por Europa Central y había comprado un uniforme de Papá Noel carísimo, pero muy bonito y con una careta que parecía una cara de verdad; en Lugo no había nada ni que se le acercase y nunca, al menos que yo sepa, nadie había salido así a la calle. Me armé de campana y saco de caramelos y me lo pasé en grande.
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EL pasado viernes, Marta pronunciaba el Pregón de la Navidad lucense. Se lo he pedido para reproducirlo aquí. Tal vez a algunos lectores les interese conocerlo:
Buenas noches a todos. Gracias a la asociación de Belenistas por haberme invitado a pregonar la Navidad y aumentar así la nómina de miembros de la familia Rivera que lo han hecho. Mi padre lo hizo en la navidad de 1975. Veinte años más tarde lo hizo mi abuelo, y ahora lo hago yo, aunque no es la primera vez que participo de este acto. En la Navidad de 1981 formé parte del coro de la compañía de María que actuó para cerrar el pregón. Cantamos cuatro villancicos. Así que entenderán que entre unas cosas y otras, hoy me sienta casi como en casa.
Me gusta la Navidad y me gusta hablar de ella. Y he escrito sobre la Navidad muchas veces. En mi familia la hemos vivido siempre con tanta intensidad como nos ha sido posible, porque mis padres y mis abuelos me inculcaron desde pequeña el afecto por estas fiestas, para mí las más bonitas del año.
Cuando era pequeña, en mi casa las Navidades empezaban a celebrarse el primer fin de semana de diciembre, cuando, junto a mis padres y mis hermanos, íbamos a un bosque de las afueras a recoger el musgo para el nacimiento. Aquella visita solía saldarse con media docena de caídas por resbalones, algún arañazo y tres pares de pantalones empapados, pero volvíamos a casa felices y cargados de aquellas alfombras con las que construíamos una palestina inventada, frondosa y verde, con apenas unos centímetros de desierto, donde no faltaba un río de cristal donde, por supuesto, nadaban unos cuantos cisnes iguales que los del parque de Rosalía de castro. El musgo se mezcla con serrín. Desde que tengo uso de razón, mi padre aparece en casa con un saco de virutas de madera capaz de abastecer a todos los belenes de Lugo. Da igual que siempre le supliquemos que traiga una bolsita. En mi casa siempre tuvimos muy a gala lo de burro grande, ande o no ande. El belén que poníamos, el que seguimos poniendo, había pertenecido a mi madre, y estaba hecho de figuras modestas, bastante mal pintadas y algunas con lesiones evidentes.
Hace mucho tiempo que nuestro Herodes es manco, que al hombre que asa castañas le falta una pierna, que uno de los pastores ha perdido algo que llevaba a la espalda – puede que fuera una oveja, o el tan socorrido zurrón – y que la anciana de la panadería pasa verdaderos apuros para sacar las hogazas porque no tiene manos. Aún así, a ninguno se nos ocurre jubilar a nuestras figuras lisiadas: son parte de la historia de la familia. Lo que no tiene nuestro Belén es nieve: mis padres defendieron siempre la tesis, que ahora sé que es errónea, de que en oriente medio no nieva. La ausencia de esa nieve que veíamos en otros belenes en forma de copos de algodón hizo que unas navidades mis hermanos y yo decidiésemos contravenir la orden paterna que proscribía la nieve y de noche, cuando todos dormían, derramamos sobre el nacimiento una bolsa entera de bolitas de porexpán. Después de la bronca monumental, mi padre y mi madre se pasaron el resto de las Navidades retirando con unas pinzas de depilar y uno a uno los restos de aquella travesura que nos costó un castigo.
El árbol era otra cosa. Se ponía un poco más tarde, cuando apenas faltaba una semana para Nochebuena, y solía ser un pino pinaster que adornábamos como Dios daba a entender, y el efecto era muy distinto al que se lograba con los árboles que salían en las películas y las revistas de decoración, hasta que un año mi madre, mi hermana y yo decidimos hacer un estudio de la elegancia de otros abetos y presentamos las conclusiones a mi padre y mi hermano: el problema era que mezclábamos churras y merinas, bolas de colores, cabello de ángel y espumillón. Aquel año impusimos nuestra perspectiva de las cosas, y el árbol se adornó con bolas de un solo color. Mi padre estuvo cabreado todas las Navidades. Poco a poco, la investigación de campo se ha ido perfeccionando, y ahora nuestro árbol de navidad es bastante pasable, y más lo sería si mi padre no se empeñase en colocar
todos los años tres mil bombillas con los cables correspondientes que convierten el acto de colgar los adornos en una tarea titánica. El árbol de Navidad usó por primera vez en Alemania como decoración pascual a principio del siglo XVII, y desde allí llegó a Inglaterra a mediados del XIX, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la Reina de Inglaterra. A España llegó en 1870 de la mano de un personaje fascinante: Sofía Troubetzoy, una princesa rusa que se casó con el duque de Sesto y que admiró al Madrid de la época al colocar en su palacio de la calle de Alcalá un abeto decorado con bolas de cristal, ramos de acebo y flores de pascua. No sabemos cuál fue el primer árbol de Navidad que se colocó en Lugo, y por eso me permití imaginar que el primer abeto decorado lo había colocado una de las hermanas Leal en el vestíbulo del hotel Almirante.
Nuestras fiestas fueron siempre alegres y familiares. El día de Nochebuena cenamos entremeses, verdura con bacalao y pollo asado. El día de fin de año ponemos la misma canción al dar la última campanada de las doce. La festividad de reyes ha ido cambiando, pero recordaré siempre cómo los celebrábamos cuando éramos pequeños: la noche anterior nos llevaban a ver a sus majestades al ayuntamiento. Siempre me acercaba a ellos con una mezcla reverencial de emoción y terror. Sí, aquellas figuras me imponían, y como todo aquello que respetamos, también les temía un poco. Así que siempre les hablaba temblando, con un castañeteo en los dientes y un hilo de voz: en las manos de aquellos tres hombres fabulosos estaba el destino de mis deseos. Como para no tener miedo. Luego cenábamos y nos íbamos pronto a la cama tras dejar el plato con turrón y una copa de coñac. Costaba dormirse, y más sabiendo que en cualquier momento los reyes harían su aparición. ¿Entrarían por la ventana? Yo daba por supuesto que sí. Por eso, una Navidad, a mis cinco años, el corazón me dio un vuelco cuando desperté
de madrugada al escuchar el ruido de una llave en la cerradura de nuestra casa. Sin duda eran los magos con su cargamento de juguetes. Aplasté la cara contra la almohada, me tapé la cabeza y metí los dedos en las orejas para no ver, para no escuchar nada. Si los reyes sabían que les había oído llegar, tal vez se marcharan con sus presentes.
En la mañana de Reyes nos despertábamos prontísimo, a veces antes incluso de que saliese el sol y, con los ojos tapados, nuestros padres nos conducían hasta el salón después de haber comprobado que sus majestades ya no andaban por allí. Recuerdo que abríamos los regalos en pijama y bata, y durante la mañana la casa era un jaleo de papeles arrugados y juguetes nuevos. A veces, en su visita a casa de los Rivera, los reyes tenían la costumbre de esconder algún regalo que aparecía horas más tarde, dando lugar a una nueva ración de sorpresas cuando ya dábamos por hecho que no habría ninguna más hasta el año que viene. Recuerdo dos regalos que descubrimos más tarde: uno, el cine exin. Otra, un Scalextrix que los reyes escondieron tan bien el Scalextrix que apareció tres días después, cuando ya habíamos vuelto al colegio.
Otra cosa que hacemos cada año es ver juntos películas navideñas. Hay muchas que me gustan. “Cita en San Louis”, “Milagro en la calle 34”, “Mujercitas” en cualquiera de sus versiones, desde la que filmó Cukor en 1933 o la que dirigió David Selznick en 1946. Recuerdo que un año, después del almuerzo del 25, vimos “Navidades Blancas”, un clásico de 1942 interpretado por Fred Astaire y Bing Crosby cuyo principal tema musical había sido compuesto por Irving Berlin y grabado en una sola toma. Aquel día de Navidad había caído sobre Lugo una niebla espesísima que no se levantó en todo el día, y al acabar de ver la película nuestro padre propuso dar un paseo. Y salimos, los cinco juntos, bien abrigados, a la ciudad
helada y completamente desierta: no encontramos a nadie en nuestra caminata, y aquella tarde navideña tuve la sensación de que la ciudad era sólo para nosotros. Tengo una foto de aquella tarde. Estoy en el Parque de Rosalía de Castro, llevo unos pantalones oscuros, una enorme chaqueta blanca y un gorro rojo con pompón. En la mano, algo – quizá un muñeco – que seguro que acababa de traerme papá Noel. Y era tan feliz como sólo puede serlo un niño de ocho años en la tarde de Navidad.
Aunque son muchos los filmes navideños que nos gustan, hay uno que vemos todos los años: “Qué bello es vivir”, de Frank Capra, interpretado por James Stewart.. Cuando dirigió Qué bello es vivir, Capra era ya un director reconocido cuyo trabajo estaba altamente considerado en Hollywood. Autor de éxitos como “Arsénico por compasión”, “Juan Nadie” o “Sucedió una noche”, había hecho ganar millones de dólares a sus productoras. Pero llegó la guerra, y Frank Capra se dijo que el mundo también lo había hecho. Decidió entonces dedicarse a producir sus propias películas, y fundó Liberty Films junto a George Stevens y William Wyler. Harían las películas que quisieran al margen de la tiranía de los estudios, y el primer proyecto en el que se embarcaron fue “Qué bello es vivir”. La película no tiene un guión original, sino que está basado en un cuento de Philip van Doren Stern titulado “El mejor de los regalos”. Capra compró en 1945 los derechos del cuento, pagando por ellos la cantidas de 50.000 dólares. Todos conocen la historia: en la tarde de Nochebuena, el bueno de George Bailey, marido, padre y vecino ejemplar, sufre un golpe de mala suerte que puede llevarle a la ruina, y desesperado, está a punto de suicidarse. Un ángel que intenta ganarse las alas consigue impedirlo, y le muestra cómo habría sido el mundo si él no hubiese nacido. En unos momentos, George Bailey se da cuenta de que a pesar de sus problemas financieros, de su pobreza, de la casa humilde en la que vive con sus cinco hijos, la vida es maravillosa. La película de Capra es el clásico navideño por excelencia: tiene todos los ingredientes de la Navidad: tiene nieve, tiene árbol, tiene villancicos, tiene buenos deseos, tiene muchas dosis de amistad y de amor y un profundo mensaje de esperanza. Tras filmarlo, el gran Frank Capra dijo que de todas sus películas, “Qué bello es vivir” era su favorita: “Era la clase de película que quería hacer, y estaba hecha para la clase de gente que a mí me gusta”. Liberty Films invirtió 3 millones de dólares en la película, que se estrenó en la Navidad de 1946. Y dejen que les cuente algo: fue un absoluto fracaso. Tanto que sus pérdidas acabaron por hundir Liberty Films. La cinta de Capra estaba destinada a convertirse en uno de tantos desastres de Hollywood que acaban reducidos al olvido. Pero en los primeros 70 pasó algo realmente fantástico, y es que una cadena de tv programó en Navidad “Qué bello es vivir”. De pronto, toda una generación quedó fascinada por aquella historia, que se convirtió en un clásico navideño sin precedentes. Cada Navidad, decenas de cadenas de televisión programan la historia de George Bailey y el ángel que gana sus alas mientras suenan las campanas recordando que ningún hombre fracasa si tiene amigos.
Una de las más bellas películas navideñas que se han hecho recientemente se llama “Feliz Navidad”. La dirigió el francés Christian Carion, y relata un hecho real sucedido en el frente, durante la navidad de 1914: en la mañana del 25, franceses, escoceses y alemanes que pasaban el durísimo invierno en el frente decretaron una tregua por su cuenta para jugar un partido de fútbol en la nieve.
Y si el cine navideño es uno de los grandes alicientes de estas fechas, no lo es menos la literatura navideña. Siempre me ha gustado leer historias ambientadas en la Navidad. Recuerdo especialmente un cuento de navidad de Gustavo Adolfo
Bécquer, “Maese Pérez el Organista”, que estando enfermo insiste en tocar durante la misa del gallo en la iglesia de Santa Inés y muere en la interpretación. Al año siguiente, y en todas las misas del gallo, el alma de maese Pérez acudirá a tocar el órgano de la iglesia de Santa Inés. Menos misterioso era otro cuento que también sucedía durante la misma del gallo, “Las tres misas rezadas”, del francés Alphonse Daudet, incluido en el libro cuentos del lunes, y en el que relata como el diablo tienta a un sacerdote que, enloquecido por el pecado de la gula, da a toda velocidad las tres misas del gallo para poder sentarse cuanto antes a la mesa del señor del castillo, y muere de una indigestión esa misma noche. O “Cascanueces y el rey de los ratones”, de Hoffman. O “Un recuerdo Navideño”, de Truman Capote, en el que un niño y una anciana se gastan todos sus ahorros preparando tartas para desconocidos que están tan solos como ellos.
Una preciosa historia navideña que se conoce poco es la escrita por Henry Van Dicke a principios del siglo XX, y se llama “El otro rey mago”. Según esta narración, no eran tres, sino cuatro, los magos que partieron para adorar al niño Jesús. El cuarto rey se llamaba Artabán, y llevaba los regalos más ricos: un diamante de la isla de Meroe, un jaspe de Chipre y un rubí de Sirtes. Pero cuando iba a reunirse con los otros magos, encontró a un anciano mendigo herido. Se paró para auxiliarle y curar sus heridas, y eso retrasó su camino. Cuando llegó, los otros magos ya se habían ido y no pudo encontrar el camino hacia Belén, así que pasó el resto de su vida repartiendo entre los necesitados las riquezas que estaban destinadas al niño.
Pero no hay duda de que el texto clásico más famoso del mundo fue el publicado en 1843 por el inglés Charles Dickens. Se titula “Un villancico en prosa”, aunque en español, y muy acertadamente, se tradujo como “Cuento de Navidad”. Ya saben su argumento: el avaro y malvado señor Scrooge se vuelve todavía más mezquino cuando llegan las fiestas navideñas, y los espíritus de la Navidad pasada, presente y futura se encargan de enseñarle el mundo tal y como debería ser. Por suerte, todo ha sido un sueño, y el malvado Scrooge se despierta en la mañana de Navidad convertido en un hombre nuevo, decidido a ser mejor y a mejorar la vida de todos aquellos que le rodean. Del libro se han hecho cientos de ediciones en todos los idiomas, y ha sido llevado al cine 87 veces. Incluso se ha hecho una versión pornográfica. Lo más curioso es que ese texto procede de un momento de apuro económico del escritor, que llevaba más tiempo del debido escribiendo Martin Chuzzlewit. Sus editores le propusieron entonces redactar una historia navideña. Una historia que hablase de la auténtica Navidad y animase un poco los corazones de los ingleses, sumidos en una tremenda crisis económica. A Dickens le pareció bien. Redactó el libro en dos semanas, y John Lech hizo las ilustraciones. Se publicó un mes después de ser entregado, y en la primera semana vendió nada menos que 6000 copias. Por cierto, es uno de los primeros libros sobre los que pesó una denuncia de pirateo, pues fue tal el éxito que algún editor hizo copias ilegales para aprovecharse de su inmenso tirón. Durante quince años, “Un cuento de Navidad” vendió tantas copias como la Biblia, y Dickens lo leyó en público decenas de veces. De hecho, fue la última obra sobre la que hizo una lectura pública una semana antes de su muerte en 1870.
Uno de mis cuentas de Navidad favoritos es relativamente moderno, y los escribió Paul Auster. Se llama “El cuento de Navidad de Auggie Wren”, y partió de un encargo que hizo al autor el New York Times. Cuenta una historia preciosa, la de un hombre al que roban, y el ladrón, en su huida, pierde su propia cartera. Es un adolescente negro, y la víctima decide ir a su casa a darle una lección antes de denunciarlo. Al llegar se encontrará a la abuela del chico, que lo confunde con su nieto, que lleva mucho tiempo sin visitarla. Y Auggie Wren decide continuar con la confusión y pasa con la anciana la noche de Nochebuena.
Recuerdo, por ejemplo, un texto bellísimo de Jaroslav Seifert que está incluido en el libro “Toda la belleza del mundo” y que sé que va a gustar especialmente a los belenistas:
Karel Capek decía que la gente quiere los belenes porque les hacen ver el mundo más humano e idílico. Pero yo los adoraba porque estaban inseparablemente unidos a la época de fiestas hermosas, cuando todo estaba perfumado y la gente era distinta. Mi padre, mi madre y todos los demás. Parecían más felices, sonreían y eran más amables. Toda la casa respiraba bienestar. Yo deseaba que aquel tiempo tan feliz transcurriera muy despacito. No quiero jactarme de ello, pero nosotros éramos pobres de verdad. Sin embargo, lo que pudo hacer mi madre con lo poco que poseíamos parecía un milagro. Nos sentíamos sumergidos sin interrupción en un permanente bienestar festivo.Y cada rincón de la calle, incluso el más vulgar, parecía vestido de fiesta en aquella época navideña. Todo era distinto, más gracioso, más hermoso.
Eso pasa cuando se tiene el espíritu festivo en el corazón y no solamente escrito con letras rojas en el calendario.
La Navidad saca lo mejor de nosotros. No se sabe porqué, pero es así. Los cínico ponen en duda si está bien intentar ser mejores durante una época concreta del año, pero yo digo que por algo se empieza. Y estos días son el mejor momento para hacer cosas buenas. Para llamar a un amigo con el que hemos perdido el contacto, para aclarar algún malentendido, para dar un abrazo, a lo mejor sin venir a cuento. Y para poner en práctica el sano ejercicio de la solidaridad. Nuestro país vive los coletazos de la más dura crisis económica en muchos años. Si se ha sobrevivido a ella ha sido seguramente porque el país está lleno de gente que ha decidido que la Navidad dure 365 días. Permitan que reconozca a esas personas, a los voluntarios de Cáritas, del banco de Alimentos, a los integrantes de mensajeros de la paz. Es el mejor momento para echarles una mano. Para dar un poco de lo que nos sobra, o incluso de lo que no nos sobra. El país, el mundo incluso, no se han ido al cuerno porque hay demasiadas personas que se han empeñado en mantenerlo a flote. Seamos parte de esas personas y empezamos a serlo hoy mismo. Que estas Navidades sean para cada uno de nosotros la puerta de entrada a una época de prosperidad, de solidaridad, de esperanza.
No puedo resistirme a acabar sin leer uno de mis poemas preferidos del que es autor Alfred Tennyson y que dedica al Año Nuevo:
Callad, campanas tristes, si el cielo está sombrío, Si flota entre las nieblas algún fulgor extraño. Si la estación oscura muriendo está de frío… Callad, campanas tristes, dejad morir el año.
¡Dejad al que ha pasado!, vibrad, bronces dichosos, Por el que viene ornado de nieve blanca y pura; Dejad en el olvido los tiempos tenebrosos. Cantad por las verdades que el porvenir augura.
¡Callad por las angustias que sufren los mortales, Por lo que llora el mundo desde su edad primera. Por las del rico y pobre contiendas desiguales! ¡Cantad por que despierte la humanidad entera!
Silencio, ¡oh Dios!, silencio, si el juez en el debate Escucha a los partidos como si fueran reyes, ¡Cantad por el ministro que el deshonor abate! ¡Cantad por los que cuidan el templo de las leyes!
Callad si los pecados y el hambre y el tormento Encubren el presente con funerario manto; Que calle sí, que calle mi querelloso acento Y que la musa enjugue las gotas de su llanto.
¡Ah! ¡No sonéis nunca por el orgullo adusto, Por las calumnias viles y cínicas pasiones! Sonad porque subsista lo verdadero y justo, ¡Sonad porque se enlacen los hombres y naciones!
Dejad, dejad la injuria yaciendo en el olvido, Y el torpe amor al oro que nace en el desvelo. ¡Callad por las mil guerras del tiempo transcurrido! ¡Sonad porque mil años de paz nos mande el cielo!
Load, alegres bronces, al que jamás se aterra Y ofrece brazo y pecho al bien común en tanto. ¡Callad las horas tristes de sombras en la tierra! ¡Cantad, alegres bronces, cantad al Cristo Santo
Y, como decía el héroe dickensiano de “Canción de Navidad”, el pequeño Tim, que Dios nos bendiga a todos.
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COSAS DE LA COMUNICACIÓN
- Estos son los cinco programas de televisión más vistos del lunes:
1) “La que se avecina”.- 4,2 millones de espectadores.
2) Informativos Telecinco 21h.- 2,8 millones.
3) “La que se avecina” (making of).- 2,5 millones.
4) Sorteo lotería Navidad (TVE) .- 2,4 millones.
5) “Valor de Ley” (Cine).- 2,3 millones.
-Por cadenas estos programas han conseguido la mayor cuota de pantalla:
La 1: ‘Sorteo de la lotería de Navidad’ (49.2%)
Telecinco: ‘La que se avecina’ (25.3%)
Antena 3: ‘El secreto de Puente Viejo (19%)
laSexta: ’El Intermedio: Christmas Edition’ (11.8%)
Cuatro: ‘CSI Las Vegas’ (9.2%)
La 2: ’Saber y ganar’ (10.1%)
%)
- El informativo con mejor share ha sido el Telediario matinal de TVE, con un 19%
- “Minuto de oro” para “La que se avecina”; a las 23,01 seguían la serie 4.830.000 espectadores, con una cuota de pantalla del 24,4%.
- TVE arrasó de nuevo en la transmisión del sorteo de la lotería de Navidad. Lo viene haciendo desde siempre. Está claro que para determinados y concretos programas los espectadores prefieren la cadena pública de forma muy mayoritaria.
- La televisión catalana volverá a dar el discurso del Rey esta noche. La vasca, no.
- ‘Sálvame’ dividía este lunes 22 de diciembre su magacín en dos partes: ‘Sálvame limón’ de 16.00 a 17.00 horas (con los contenidos más “ácidos” o polémicos) y ‘Sálvame naranja’ de 17.00 a 20.00 horas, con contenidos más “dulces”. El programa de Telecinco acometía este cambio para adaptarse al horario infantil, tras el ultimátum de la CNMC, el pasado miércoles, que le instaba a adecuar sus contenidos en el plazo de 10 días.
Así, en esa primera fase ‘limón’ podrían tratar temas con más libertad y sin riesgo a quejas (para mayores de 13), y a partir de las 17h ‘Sálvame’ rebajaría su ‘tono’ al estar en horario no recomendado para menores de 7 años.
¿Cómo ha sido la transición en este primer día? ¿Cómo lo han vivido los espectadores? A juzgar por las reacciones en Twitter, ha habido reacciones de todo tipo. Desde la sorpresa o el desconocimiento del cambio, a las críticas al magacín por no hacer notar la diferencia, y más comentarios en defensa del programa ante la amenaza de la CNMC.
- “Fuera de Clase”, el programa con niños que presenta David Bustamante empezó con malos resultados5,5% de cuota de pantallas. No entiendo la presencia ahí del cantante; creo que hay sobrados profesionales del medio que lo pueden hacer bastante mejor porque no creo que ser un buen cantante signifiqué ser también un buen presentador de televisión. Me acordé viéndolo de aquel casi genial que hizo Javier Sardá, cuando era “sólo” un presentador de programas radiofónicos y aún estaba lejos “Crónicas marcianas”
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CON la duda de si ustedes podrán leer esto en tiempo y forma por las dificultades insalvables que durante todas las últimas horas se han presentado para entrar en la bitácora, regreso del paseo nocturno con Bonifacio y “La Piolina”. Hace frío, pero no llueve.
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LAS FRASES
“Las cosas más abundantes en el mundo son el Hidrógeno y la estupidez” (HARLAN ELLISON)
“Jamás dejo de recordar que existir es divertido” (KATHERINE HEPBURN)
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LA MUSICA
Fíjense como se las gastaban Frank Sinatra y Bing Crosby en este especial de Navidad grabado hace más de medio siglo; en 1957:
http://www.youtube.com/watch?v=bBJ8iGHUOEg
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EL HASTA LUEGO
EL de Nochebuena será un buen día: más sol que nubes y el frío normal en esta época. La ausencia de lluvia permitirá callejear y beneficiará al comercio. Las temperaturas extremas previstas son:
- Máxima de 11 grados.
- Mínima de 3 grados.
24 de Diciembre , 2014 - 12:22 pm
Que estas fiestas, representen, para todos y cada uno de los visitantes del “Salón Rivera”, aquello que cada uno de ellos desee.
¡¡Muchas felicidades, y un 2015, que por lo memos, se parezca ligeramente a lo que nos anuncian!!
24 de Diciembre , 2014 - 12:33 pm
No es una frase ingeniosa, aunque pueda parecerlo.
Donde dice “memos”, quería decir “menos”
24 de Diciembre , 2014 - 12:40 pm
Para avería la del Tren Barcelona Garabolos de Mar ayer, nada rara conociendo como piensa el hasta ahora mayoritario partido catalán en lo referente a inversiones férreas hacia Galicia, manifestadas por una de sus diputadas en el Congreso .
A cero grados varias horas en medio de la nada de Castilla la Vieja, llegando a destino final de trayuecto a las 24 horas de iniciado y …..en autobús .
No valen disculpas ni regalos a los afectados .
24 de Diciembre , 2014 - 16:49 pm
Feliz Navidad a tod@s (incluida Pulpeira) y vuestras familias! Un placer compartir estas lineas diarias de lectura (y a veces…escritura) con vosotros. Saludos.Maldini.
24 de Diciembre , 2014 - 18:45 pm
Feliz Navidad para todos y un abrazo a Marta.Ah y una pregunta a quién invitarias a un sorbito de champan,al pequeño Nicolás o al coletas?A mi me gusta más Nicolás.
24 de Diciembre , 2014 - 19:44 pm
Feliz Nochebuena y Misa del Gallo
24 de Diciembre , 2014 - 19:49 pm
SALÓN RIVERA
Buena idea. En verdad que es una buena idea llamar así a este blog. Sugiero al anfitrión que diga a El Progreso que le llamen así. Dígaselo de mi parte. Salón Rivera.
La felicidad no puedo deseársela a nadie pues, habida cuenta del concepto que tengo de ella, sería punto menos que insultante para quien quisiera darse por aludido. No obstante, asomo hoy un instante en esta coqueta estancia para desearles, eso sí, una permanente búsqueda de esa felicidad, pues la búsqueda sí es la felicidad misma. Y no se la deseo para estas fiestas, ya sean en honor de Jesús o lo sean en el de Saturno; se la deseo para diempre: ¡Feliz búsqueda, amables contertulios!
Agradezco infinito al señor Maldini que me haya significado de manera particular, puesto que por temperamento y formación nunca me doy por aludida cuando alguien se refiere a “tod@s” o a “algun@s”. Chanzas a un lado, impetuoso Maldini, tenga usted de mi parte un ósculo con mis mejores deseos.
En fin, a usted, señor Rivera, que lo sé rodeado de los suyos, ¿qué le puedo desear que no esté sucediéndole ya? Pues larga vida, sí señor, muy larga vida a usted, y no olvide besar a sus señoras hijas de mi parte.
24 de Diciembre , 2014 - 21:46 pm
¡¡¡…FELIZ NOCHEBUENA A TODOS….!!!!