Como me temía
Lunes, 21 de Julio, 2008PASÉ en el Caurel el fin de semana y como me temía no pude acudir ayer a la cita diaria, porque Internet, allí, brilla por su ausencia. Pero aún así mereció la pena el viaje y la estancia. Tarde del sábado y todo el domingo. Aquí tienen la crónica:
TENEMOS la sensación de que el Caurel está en el quinto pino. No es verdad. Desde Lugo, sin correr, muy poco más de una hora. Se va a El Cebrero por la autovía y desde allí a Seoane en menos de 25 minutos.
LLEGAMOS(mi hermano Rafael, mi cuñada Ariadna y José Manuel Pol, eran los restantes componentes del grupo) alrededor de las seis de la tarde del sábado y ya nos esperaba José Luis Foxo para darnos una caminata de más de dos horas por parajes llenos de vegetación, pequeñas cascadas, caminos de cabras y remate en una fuente con dos manantiales, situados a poco más de un metro. Uno con agua convencional, riquísima, el otro con un agua tan ferruginosa que tomé unos tragos y tuve la sensación de haberme zampado todas las existencias de la Ferretería Asturiana.
REGRESAMOS hechos unos zorros, pero una ducha lo arregla todo. Nos tenían organizada una cena en uno de los parajes más bonitos que he visto en mi vida y en un restaurante…; miren, no tengo palabras. Merece la pena el viaje solo por disfrutar en “El Pontón”, a orillas del Lor y con una decoración sorprendente. La comida sencilla, pero insuperable: fiambres caseros y carne a la parrilla con ensalada, buen vino y tarta de castañas de postre. La guinda: un breve concierto del grupo “Los Courtier”(gaita, clarinete, bombo y tambor). El hijo de Foxo, se revela como un virtuoso de la gaita y luego acompaña a su padre con el tambor. La temperatura, espléndida; a la una de la madrugada casi 25 grados.
HAGO proselitismo con el grupo para seguir , pero todos deciden que hay que descansar. Como a mí me hace daño acostarme pronto me dejan en otro sitio sorprendente: un bar de copas al aire libre, con una estupenda música, clientela agradable y decoración que sintoniza con el lugar, la que dicen es la mayor herrería de Europa, construida en 1.808 para fabricar balas de cañón destinadas a las tropas españolas que luchaban contra Napoleón. Allí coincido con los hermanos Locay, propietarios de la herrería, del bar y de casi todo lo que se mueve o está quieto. Uno vive en Mallorca y el otro, Ricardo, es profesor en un instituto de Ponferrada. Nos liamos a hablar y me cuentan que han vendido a la Xunta la herrería, pero que no han cobrado y que no se ha hecho ninguna inversión. Hace dos años de la cosa.
LLEGO a la casa rural en la que estamos, en el centro de Seoane, alrededor de las cinco y me pongo a leer “Más allá, a la derecha”, una apasionante novela negra de la francesa Fred Vargas. Cuando la termine les hablaré de ella. Me duermo ya con el día y con la Radio Galega, que es la única que se oye con cierta calidad.
DESPIERTO sobre las ocho y media y vuelvo a leer. Alrededor de las nueve y media entra por la ventana abierta una música especialmente dulce, no parece proceder de ningún medio de reproducción. Alguien está tocando cerca un acordeón. Salto de la cama y casi me doy de bruces con “Sons da aira”, un dúo de acordeón integrado por un profesor del Conservatorio de Orense y una jovencita de no mucho más de 10 años que dicen es una de las mejores acordeonistas del mundo. Tocan un vals venezolano precioso y me doy cuenta de que estoy en la terraza del hotel con el pantalón de pijama, unas chancletas y… nada más. Todo sea por la música, por la buena música.
TENEMOS Misa a las dos de la tarde y luego comida. En el restaurante, “Casa Ferreiro” lo mismo que la casa de turismo rural, con unas espectaculares vistas, veo un matrimonio muy mayor que busca sitio. Les hago un hueco y nos ponemos a hablar. Son de Carballiño y él, Arturo, músico y artesano de casi ochenta años y operado del corazón hace diez. Toca la gaita, el clarinete, el acordeón, el saxo, la trompeta, la guitarra, el tambor, el bombo y se ha recorrido media Europa actuando. Viene al Filandón a ver y oír, pero se ha traído con él varias gaitas, entre ellas una de doble puntero, que toca con maestría. Le digo que me gustaría escucharle y nos vamos a su dormitorio donde me ofrece un breve y exclusivo concierto; le convenzo para que toque algo en el comedor. La gaita de doble puntero llama la atención.
SEIS de la tarde. Los hermanos Locay nos enseñan su herrería, pegada a una especie de castillo con docenas de habitaciones y varios miles de metros cuadrados construidos. Y poco después empieza el Filandón. Folklore gallego en estado puro; músicas y canciones con intérpretes de todos los estilos y edades. Se escucha un mensaje grabado por Elvira Touzón, que a sus 99 años proporcionó a Foxo material para varios libros. Foxo está en todo y se nota que es el alma mater de ese invento que se celebra a sólo unos metros de la estatua que se le ha dedicado en Seoane. Tasmbién ayuda su esposa. La organización me sorprende con la entrega de la “Tabula de la hospitalidad del Caurel”, reproducción exacta de la encontrada allí en el siglo I.
TERMINO la crónica. Les ha contado algo de lo mucho interesante que disfruté con mi gente en el Caurel, sábado y domingo. Me he quedado corto, seguro.