Cifras
Jueves, 13 de Agosto, 2009SI yo fuese el alcalde de Lugo reuniría a mi gente y pediría que se manejasen otras cifras de visitantes más altas para demostrar el éxito del “Arde Lucus”, porque el más de medio millón que se dice, es una nadería comparado con los seis millones de visitantes que esperan en Málaga para disfrutar de la Feria de estos días. Lo escuché en la radio y la locutora que lo contó se quedó tan ancha. ¿Se imaginan?. El equivalente a todos los habitantes de Madrid y Barcelona juntos en Málaga, en la Feria. Puestos a exagerar…
AL hilo de esto me viene a la memoria un cuento de los años sesenta:
El Sr. Obispo había realizado una visita pastoral a cierto pueblo de la provincia y al domingo siguiente párroco y fieles hacían balance:
-¿Quedó contento el Sr. Obispo?
- Sí que quedó, sí.
-¿Y le gustó el pueblo?
- Mucho, le gustó mucho.
-¿Y la gente?
- También, aunque le sorprendió que ustedes fuesen tan malhablados; dijo que debíamos ser los segundos más malhablados de la diócesis.
En ese momento una voz fuerte salió de entre los feligreses:
- ¡Carallo, Sr. Párroco, el año que viene tenemos que ser los primeros!
POR lo tanto, el próximo “Arde Lucus”, o para que esperar tanto, el próximo San Froilán, cuando se den cifras de visitantes nos vamos a poner en… los diez millones… diarios.
TRISTE coincidencia: la misma noche que escribía aquí sobre el grupo “Set 96” que se había sacado de la manga Valerio Lazarov para uno de sus programas musicales, fallecía el realizador rumano-español que en un momento dado revolucionó la televisión. Chocó que su hijo declarase que Valerio, de 73 años, había muerto por “causas naturales”; con lo que se ha prolongado la vida de los seres humanos 73 años son pocos y por lo tanto las “causas naturales” son más bien propias de gente de 80 para arriba. Dándole vueltas a la cosa me inclino a pensar que esas manifestaciones se hicieron para salir al paso de algún rumor.
ME llama desde Madrid Elías Rodríguez para recordarme que el sábado 22 del presente se celebra en su tierra una edición más de “Encontros en Trabada”, cita anual de intelectuales, políticos, periodistas y empresarios que reúne en el local que los hermanos Villapol tienen habilitado para fiestas familiares a casi medio centenar de personas, en su mayoría gallegos. Aprovecha Elías para decirme que mañana pronuncia el Pregón de las fiestas de Trabada y que el mismo día tiene que regresar a Madrid para volver a la tierra la semana siguiente.
UNA encuesta online que recogen algunos periódicos de la Red, señala que los andaluces son los españoles que más siguen los programas de radio; me atrevo a discrepar; creo que en Galicia y particularmente en la provincia de Lugo superamos a cualquier otro punto de España; hay además razones de peso para defender esta afirmación: la enorme dispersión de la población gallega y de la lucense de una manera especial, convierte a la radio en un medio imprescindible en la zona rural.
YA me dejé caer por “El Japonés” y, sinceramente, con casi todos los prejuicios; para empezar llevé pan de mi casa, luego de haber pedido el correspondiente permiso a Victor, el gerente de la empresa; y después a la hora de elegir menú, como mi experiencia en este tipo de gastronomía es cero, me sometí al buen criterio de mis hijos Marta y Paco; Marta además se conoce casi todos los asiáticos de Madrid –chinos, vietnamitas, japoneses–; al final nos trajeron un montón de platos para compartir; no me pregunten su denominación porque no tengo ni idea; me limité a comer; ¿el balance?, bueno para un forofo de la cocina tradicional como soy yo, que escapa de las novedades por sistema; en resumen: muy recomendable con una excelente relación calidad precio.
EL paseo de esta madrugada ha estado especialmente animado, porque además de Bonifacio ha contado con la participación de mis hijos y mis nietos. En una de las pocas noches de verano verano nos ha dado por cantar a coro canciones infantiles, en especial de la película “Peter Pan” con letras como:
“¡Ay!, la del pirata es la vida mejor/ se vive sin trabajar/ y si uno se muere/ con una sirena/ se queda en el fondo del mar/”
O aquella otra que le cantaban los indios a los “niños perdidos” y que empieza así:
“¿Por qué decimos jau?/ ¿por qué decimos jau?/ es más fácil decir jau que decir cómo has estau/ y por eso el indio saludar así/ cuando ve a alguien dice jau/”.
Bonifacio de vez en cuando nos miraba y seguro que comparaba el paseo con los que nos damos habitualmente sin tanta compañía ni tanta música.
Por cierto que como la última noche y las dos próximas las llamadas “lágrimas de San Lorenzo” serán muy visibles, estuvimos pendientes del cielo y alguna sí pillamos.